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Publicado por Judith Segura Medina · 20 sept

Acompañar el desarrollo / Las etapas evolutivas

Una mirada a las etapas evolutivas

El coordinador psicopedagógico de Koru, Daniel Meza Junco, compartió en días pasados con las familias una charla dedicada a comprender mejor el desarrollo infantil y a reflexionar sobre una pregunta esencial: ¿qué necesita un niño de los adultos en cada etapa de su crecimiento?

Desde la mirada de Koru como Organismo Social de Aprendizaje, se planteó que acompañar a un niño implica aprender a observar qué está viviendo, qué capacidades están emergiendo y qué condiciones podemos ofrecerle para favorecer su desarrollo. Se destacó que el desarrollo no es lineal y que, para comprenderlo, es necesario considerar tanto lo que sabemos sobre las distintas etapas como la individualidad de cada niño y el contexto familiar, social y cultural en el que crece.

Vivir, jugar e imitar

En la primera etapa, aproximadamente entre los 3 y 5½ años, el niño necesita principalmente vivir y habitar el mundo. El aprendizaje ocurre a través del cuerpo, los sentidos, el movimiento, la imitación, el juego, la repetición y las experiencias cotidianas.

En este momento, más que exigir autonomía completa o una autorregulación propia de un adulto, los niños necesitan seguridad, vínculos estables, ritmos previsibles, límites claros, movimiento, naturaleza, juego y la presencia de adultos que puedan ser buenos modelos.

En su charla, el maestro Daniel destacó especialmente el papel del juego en la vida del niño o niña, no como un descanso del aprendizaje, sino como una actividad fundamental. Al jugar, los niños imaginan, representan, negocian, desarrollan lenguaje, practican relaciones, resuelven problemas y aprenden a regular sus impulsos.

Por ello, se propuso que en casa se favorezcan rutinas, cuentos, juego libre, participación en las tareas cotidianas, actividades manuales, contacto con la naturaleza, tener charlas, canciones, descanso suficiente y límites sencillos y consistentes; procurando reducir la prisa, la sobre estimulación, las pantallas, las comparaciones y la agenda excesiva de clases en las tardes.

De la experiencia a la comprensión

Entre los 5½ y 7½ años, el niño comienza a construir una representación interna más elaborada de lo que vive. Busca pertenecer al grupo, comprende progresivamente las reglas, desea reconocimiento y desarrolla nuevas formas de cooperación e independencia.

En esta etapa, el aprendizaje continúa partiendo de lo concreto: primero la experiencia, luego generar una imagen como representación y al final ir al  concepto inicial. Es decir, antes de llegar a una comprensión intelectual más abstracta, el niño necesita haber vivido, sentido, imaginado, jugado y representado aquello que está aprendiendo.

Esta mirada ayuda también a comprender por qué en Koru se da un lugar importante al arte, el movimiento, los cuentos, la dramatización, la narración y las experiencias concretas, antes de convertir el aprendizaje en una explicación puramente intelectual.

Los límites también cuidan

Otro de los temas centrales fue la regulación emocional. Se recordó que los niños primero aprenden a regularse con otros, antes de poder hacerlo por sí mismos. Por eso, ante una conducta difícil, el adulto puede preguntarse qué necesidad está comunicando el niño, en lugar de interpretar la conducta únicamente como desobediencia.

También se habló del valor de los límites. Un límite no es un castigo ni una amenaza: puede ser una forma de cuidado que comunica al niño que hay un adulto presente, capaz de s ostener la situación.

De la misma manera, el ritmo cotidiano aporta seguridad. Saber que hay momentos para levantarse, comer, jugar, moverse, escuchar y descansar permite que el niño encuentre previsibilidad y tenga más energía disponible para explorar.

Respetar los tiempos de desarrollo

En esta charla se pudo especial atención en la importancia de no apresurar los procesos intelectuales. Antes de determinadas adquisiciones escolares existen procesos de maduración corporal y neuromotriz que las sostienen: coordinación, equilibrio, lateralidad, motricidad fina, ritmo, juego planificado y una creciente capacidad para separarse del adulto con seguridad.

La idea no es esperar pasivamente, sino acompañar cada etapa con aquello que el niño necesita para poder dar el siguiente paso.

Se habló también de la diferencia entre aprender a decodificar palabras y comprender realmente lo que se lee. El lenguaje oral, el vocabulario, la imaginación y las experiencias reales son una base importante para que posteriormente la lectura tenga significado.

Desarrollo y pedagogía en Koru

La charla permitió mirar el currículo de Koru desde una perspectiva evolutiva donde el desarrollo orienta las necesidades y a su vez las necesidades orientan el ambiente y la pedagogía.

Así, a lo largo de las distintas etapas, Koru transita de la experiencia y el juego hacia la imaginación y la representación, y posteriormente hacia la indagación, el análisis, los proyectos y el pensamiento crítico. La propuesta integra fundamentos de la antroposofía y pedagogía Waldorf con metodologías de indagación, proyecto y transdisciplina, de manera gradual y acorde con cada etapa.

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